Ambivalencia


Ocioso,  perezoso sin sentimiento de culpa. Dejando pasar el tiempo. Disfrutando del ritual sabio del camarero cada mañana,  sin hablar: zumo, café y lo de siempre. Gozando del silencio efectivo. Sin presión. Lectura compulsiva y selectiva. Paseo, siesta y relaciones amables. Ordenador y redes sociales para “mirar el mundo”, leer en diagonal los periódicos.  Quizás este sea mi estándar de descanso, quizás este sea el ideal que no se puede narrar, no es muy chic, no vende.

Un colega me dijo una vez que para poder hablar de vacaciones tienes que poder contarlas, o sentir que haces algo diferente. Añadía “que al lugar que vayas hablen raro… o que la gente con la que estás sean realmente distintos a ti. Adicionalmente, que las comidas, actividades, etc.  que te propongan sea una experiencia a descubrir o rechazar”… Esto da una sensación de descanso …

No es raro que cuando se acerca la fecha fatídica de partir o tomar vacación,  manifestemos la necesidad de  “desconexión”, el deseo de una  ruptura con lo cotidiano. Anticipamos así  la  construcción de  un relato diferente. Aplazamos disfrutar de lo que somos, dejamos en segundo plano nuestro autocuidado. Ansiamos contarnos la vida, a nosotros y a nuestro entorno de forma diferente.  Construyo la  hipótesis de que esta necesidad, puede tener tanta fuerza que anula la experiencia, la búsqueda de descanso, la supuesta desconexión. Me explico.

Una vuelta por las redes sociales nos presenta con fuerza la expresión de la supuesta desconexión: vivir para contarlo. Ya no vale, vivir con intensidad lo que elegimos libremente. Necesitamos contar, fotografiar,  auto-fotografiarnos, difundir, expandir …
En estos actos la desconexión se torna en dependencia y conectividad virtual.
Cambiamos un tipo de “relación” por otra. Un tipo de conexión por otra siendo más literales.

Consulto la R.A.E. Ambivalencia
Del lat. ambi- ‘ambos’ y la t. de equivalencia, a partir del al. ambivalenz.

1. f. Condición de ambivalente.
2. f. Psicol. Estado de ánimo, transitorio o permanente, en el que coexisten dos emociones o sentimientos opuestos, como el amor y el odio.

Más allá de la desconexión, buscamos la relación desde otra posición. Somos, existimos en las relaciones aunque sean virtuales. Necesitamos, esta confirmación. Alguien decía el otro día en Instagram a la vez que comentaba sus selfies que se trataba de una emoción positiva que le conectaba con su autoestima.  Compartir  el aquí y el ahora se definía como una “virtud” emocionalmente saludable. Esto me hizo pensar.

No comparto esta valoración, creo que manejarnos en esta ambivalencia es realmente un aprendizaje, vivir y compartir con las personas cercanas esos momentos un valor. En este mismo orden de cosas es un valor poner en el centro la relación. Dudo que como principio las redes sociales puedan cumplir esta función.  Desde mi punto de vista las redes sociales, son más un espejo, un diálogo interior… Algunas relaciones basada en experiencias directas y solidas se fortalecen con esta comunicación. Otras pasan de espejo a “espejismo relacional”. En otras palabras denotan más la soledad de nuestra época que expresiones de diálogo, afecto, relación y encuentro.

Otro ángulo de esta reflexión me conecta con los elementos narcisistas que tiene este tema.  En esta línea una vieja lectura viene al pelo, el Narcisismo  – Una enfermedad de nuestros tiempos. Alexander Lowen   (Enlace a las primeras páginas)

 

 

A propósito de este maravilloso texto os dejo una pequeña cita, seleccionada en su día.
Con ella termina este post.

“Es importante no dejarse atrapar por el narcisismo de la sociedad, que identifica la realización personal con el éxito en el mundo profesional. En este último caso, el ego obtiene satisfacción, pero así no se llenan las necesidades de un individuo, ni el potencial de su ser. Estas necesidades básicas son las necesidades del cuerpo, y solo se pueden satisfacer en el plano corporal. Se trata de respirar plena y profundamente, de comer con franco apetito, de dormir cuando uno está cansado y de hacer el amor con deseo apasionado.¿Qué tiene de bueno el éxito y la fama si uno está enfermo y es desgraciado? …” 

Foto cabecera Photo by Fabio Jock on Unsplash
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