HUMO


(Reflexiones a propósito de un proceso de Supervisión) Donostia 16 de Mayo de 2004 .
Entrada recuperada y actualizada 

Uno puede construir si existe algo previamente. La nada, no produce nada.
Tengo un amigo que suele decir que algunos profesionales vendemos humo. Lo dice con un tono de provocación que surte efecto, hasta me ha hecho pensar. El humo es producto de la combustión, de algo que se quema, de algo que cuando menos tiene temperatura.
El humo es consecuencia del calor, se manifiesta acompañado de vapores, olores y colores.
El humo es algo. El humo es etéreo intangible, pero perceptible, con el humo nosotros hacemos.
No es del todo cierto lo que dice mi amigo. El humo es señal, un rastro, un mensaje.
Una forma de comenzar un proceso de comunicación.
En comunicación todo comienza por una señal, por un signo.

En relación entre profesionales, en supervisión, el humo  es, por ejemplo una reflexión escrita, un texto surgido de una experiencia, de la práctica. Esto siempre es una palanca que motiva.
Una esencia olorosa,  incienso, perfume seductor.
Cuando uno reflexiona y piensa, siempre se hace preguntas.
Tener preguntas es tener actividad interior.

El humo  que me ocupa es un poco mágico, tanto como esas plumas que se ven en el cine, esas que vuelan  y parecen no caer nunca… son en realidad trucos de ordenador para el cine fantástico de Holywood… son tan emocionantes!

Es mágico también recibir una llamada por lo que se ha escrito,  hace que te sientas reconocido.
Es  más mágico que lo de la pluma,  ahí estás tú,  sabes que no hay truco.
Es como si pensar en lo que has vivido y hecho tenga sentido más allá de tus emociones, como si las palabras usaran el eco y volvieran.
Da capo…  comienza todo. Hay una demanda. Hay una respuesta.

El humo en el fondo es todo esto y mucho más. Mucho más,  es  reconocimiento mutuo entre las partes.
Es una cadena en la que el tiempo y el espacio son cruciales. Es como un juego de estos en los que un montón de japoneses , previamente, han colocado miles de  fichas de dominó. En fila, una tras otra. En su momento,  “caen bien”. Poco a poco o muy rápido, pero “caen bien”. Todo se ve mejor si se mira desde arriba, con distancia.
Como con el humo: en medio de él nos ahogamos, con distancia vemos la dirección que toma, o donde está el foco. La mirada, con un poco de distancia permite ver mejor los elementos. La mirada separada del tema o enfocada en los aspectos precisos que queremos resaltar. Esto en si mismo es una buena definición de lo que  hacemos en  Supervisión.

Tener espacios y tiempos para conversar, se convierten finalmente en algo saludable y en una pauta de calidad para organizaciones y las personas que las configuran y las definen en su día a día.  Las personas son el centro, sin ellas, las organizaciones, no son nada. Gracias al humo que desprenden,  las organizaciones toman forma, se sienten, se huelen, se perciben, se notan.
El humo toma forma, es comunicación. Si, ser supervisor es ser un vendedor de humo. Creo que mi amigo tiene razón… Yo quiero seguir “recogiendo humos y vendiendo humo”.

En las organizaciones en las que no se sepa que hacer con el humo, o no se sepa como pararse a pensar y a conversar con el otro-a, en los tiempos y espacios de trabajo.  Como una forma de innovación en la cotidianidad. Quizás, en estas organizaciones, alguien debería pensar si el humo les está intoxicando o si es que realmente es producto de que algo o alguien comienza a estar muy, muy quemado.

Imagen destacada Robert Zunikoff en Unsplash
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