ESCRIBIR y QUEMAR (1)


Me dijo con rotundidad: “escribe, te ayudará” me lo dijo con seguridad, con esa seguridad y porte que tienen los médicos cuando están en su papel.  Con tanta como cuando hacía afirmaciones  y vertía información sobre mi cuerpo. Una pluma, según su expresión contundente, podría ser una sangría del alma. Sin tratar de forma explicita del tema, con respeto, aséptico.
Había observado algo en los poros de mi piel, en mis pestañas. Quizás en las arrugas superiores de mis manos, donde nacen esos pelos tímidos, tristes como hierba huérfana.
El dolor estaba en algún lugar, según su expresión, vivía en mi. Mi alma estaba rota. El dolor oculto se escapaba, había alguna fuga, algún hueco imprevisto. Era evidente. No reaccioné. No dije nada.
Ni un parpadeo, ni un gesto.  Una mirada fija expectante.
La complicidad del silencio, el ruido de la evidencia se hacía presente.
Tras una pausa que se  hizo eterna,  pensé en huir, salir corriendo de aquel lugar … escapar de aquella tortura.  Él continuó con suavidad.

“Te hará bien escribir” … ” Escribir para descargar … escribir y quemar” … ” Después, liquidar.. olvidar”

Estas palabras… me llevaron a algún lugar. Me comían por dentro. Escribir y quemar. Romper, liquidar, olvidar. Instantes después sentí una punzada en el alma.
Desconecté… seguía hablando, no le oía.
Yo seguía a mi voz interior, me ayudaba a calmarme; ¿De dónde había salido este enterado? ¿Quién le daba derecho …?  Una consulta por un problema de piel me había llevado a desnudarme doblemente.

Mas tranquilo,  le miro en silencio,  le observo.
Su piel morena brilla como una cereza. Su cara amable y firme, en su papel, espera  mi respuesta.  Mi colaboración.  Sus labios se posan uno sobre el otro, en descanso. Atentos a una nueva declaración.
Enfundado en su camisa azul turquesa emerge con solemnidad en la consulta. El ambiente sosegado, suena en el fondo y tímidamente una melodía de piano de esas que quieras conocer. Consumir, llevar en el coche o el teléfono. De nuevo el silencio lo inunda todo,  se hace pesado.

– ¿Romper, quemar ? – pregunté. … “Si,  escribir para sacar lo que llevas dentro …” Insiste.
Me miró fijamente, esta vez en forma defensiva. Nos miramos los dos, de forma consciente.
Suena ahora Miles Davis, esta vez reconozco la trompeta.
Alargo el instante durante unos segundos y salgo.
Gestos protocolarios, aprendidos.  En silencio, pago. Llego a la calle por la escalera de madera.
Camino sin rumbo hasta encontrar un banco. Me siento.  Saco un lápiz… unas hojas.
Escribo.

Imagen: By Helloquence

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