ANIVERSARIO


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Viernes tarde. Tras una semana intensa, en un otoño que avanza en este clima de incertidumbre,  respondo  la invitación  que recibimos en  HZ Consultoria – Aholkularitza : No se cumplen 30 años todos los días. Pocas organizaciones pueden contarlo. Menos en los días que  vivimos. En el viaje pienso en ello, pienso en la importancia que tiene, para las organizaciones, poder contar su historia.

La Asociación ANTOX fundada en los años 80, – ver reseña de prensa –  es una de las decanas de Navarra.  Para nosotros como supervisores y asesores es un orgullo poder contribuir, modestamente, a su desarrollo como organización.

Cuando llego a Larraingoa, es ya noche cerrada. Siempre que vamos allá, lo hacemos  con la luz del día. Esta vez es diferente, el supervisor, el extraño aceptado, es invitado a ver, oir y … disfrutar de la comunidad. El parking esta lleno y tengo que dejar el coche abajo en una campa. Subo despacio y llego al  gimnasio convertido salón de actos. Lleno de gente donde se respira calor y afecto. Cuando entro escucho al coro de Larraingoa cantar … emocionados,  los familiares y amigos responden tras cada acto.

Como un espectador más me conecto a esta comunidad. Agradezco haber sido  invitado, conocer a los fundadores, percibir y sentir los lazos familiares; la confianza en diferentes planos. El reconocimiento de los profesionales cuando me presentan desde el modesto lugar, en la intermitencia,  que ocupamos.  Una representación  diferente de las personas y de los espacios organizacionales emerge.

Como decía un viejo amigo… utilizando una metáfora que aludía a un músico de jazz que en determinados conciertos cuando improvisaba no sabía cuando finalizar y temía hacerse pesado.  El músico, sumido en el paroxismo por el placer del momento olvidaba al auditorio… y no sabía como finalizar.  Contaba esta historia a un colega saxofonista y le respondía: “ ¡Es fácil!  Cuando tengas la primera señal… separa la boca del trombón “.  Siento en un momento que la comunidad necesita más intimidad y yo conecto con mi condición de extraño aceptado. Es la señal.  Me despido agradecido.

Camino abajo en busca de mi viejo coche, me encuentro con la oscuridad plena. Me vienen miles de recuerdos y sobre todo la necesidad de contar lo visto, oído y sentido.

Camino abajo,  sopla el viento sur y cálido. Tengo una sensación agradable. Pienso en el futuro y en los días que vendrán. Voy dando pequeños pasos, a pesar de no ver muy bien por donde piso ¿será una premonición?

De vuelta a casa, pienso en el valor de celebrar, en el valor de pertenecer.

De cómo los rituales, las celebraciones, refuerzan nuestros mitos, nuestros valores.
Hoy lo he sentido ¡gracias!

Espero poder estar presente en la próxima celebración.

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