Coaching en la política.


Acudo ilusionado a la convocatoria realizada por Enrique Sacanell y Gaizka Pascual en el marco de la I Semana del Coaching, el acto: Coaching en la Política: características y criterios para garantizar su calidad.

Enrique es amigo y colega y sus aportaciones son de calidad. En viajes y colaboraciones hemos hablado del tema y se de antemano que para él tiene un valor especial. Sensible y delicado, cuidadoso en la forma de plantear como se desarrolla en coaching el ámbito político, me muevo hasta Bilbao en una tarde horrorosa. El viaje mereció la pena.
Me quedo con muchas preguntas y reflexiones, y creo que esto es lo más interesante.  Siempre he tenido reticencias a poner apellidos al Coaching, como escribe Belén Perez de Prado  de forma ingeniosa y elocuente, jugamos con las palabras:   “Coaching Empresarial”, “Subir Arriba” y “Champagne Francés”… Si el coaching es lo que debe de ser ¿por qué empeñarnos en ponerle uno y mil apellidos?  En esta línea, hace unos días preparando un grupo de supervisión, formateando y “poniendo al día el disco duro”  me encontré con una interesante reflexión.
Venía a plantear que la fuerte evolución y crecimiento del coaching desde distintos “modelos” y enfoques representa  y refuerza  un cierto escenario de confusión. En esta línea,  las diferencias, quizás no aporten diferencias, desde una “complejidad” constructiva  sino un panorama de complicaciones.  En el fondo un cierto tufo mercantilista, en el que el  peso de la definición más  como “marca” que como un  modelo se percibe y personalmente, me retrae.
La gran aportación de Enrique y Gaizka,  la otra tarde va por otros aromas. Hay una apuesta por  escenarios de calidad. Contrapunto a esta situación desde el ejercicio profesional del Coaching, con mayúsculas.

El tema tratado ayer  me ayudo a hacer varios ejercicios, uno de conexión  con mi primera formación en Coaching, hace ya 10 años organizado por la A.N. Mitxelena en  Pamplona con  ASTRYD SCHREYÖGG. Reconocida experta alemana. Volviendo a casa en plena nebulosa y polvo de agua que flotaba  en la Bilbao-Behobia, me vino el recuerdo formulado entonces de la necesidad de enfocar el  coaching no solo al liderazgo sino al manejo de las relaciones con el poder.  Enrique ayer,  nos sugería una noción de  política que, para los que hemos tenido una educación cívica desde movimientos sociales; en mi caso el escultismo, diferenciábamos del “partidismo”.  Si cabe más necesaria hoy en día.Mirar o enfocar el desarrollo del liderazgo, entrenar a líderes que tienen que relacionarse con el poder es  una definición proactiva y necesaria en los escenarios sociales a los que nos dirigimos. Los partidos políticos, son unos de ellos, no los únicos. Me enseñaron cuando era muy joven que política hacemos todos… de forma activa o pasiva.

El  poder, entendido como juego político en cualquier contexto, es un fenómeno: Relacional,  Relativo a espacios concretos, Reciproco, Regulado, (I. F. Livian), desde este punto de vista, en algún momento de nuestra vida, estamos llamados por él. Una aportación desde el lado humano de la política, más allá de los juegos políticos, de los procedimientos como tácticas o las técnicas relacionales parece necesaria como espacio de desarrollo del liderazgo de los comportamientos políticos.

Comparto y me gusta el enfoque de Enrique. Me reafirmo en su voluntad de recuperar a las personas desde la humanidad y la humildad. Volviendo a casa otro flash –back del pasado.
¡Que difícil soporta esta sociedad, precisamente, a las personas carismáticas!.

Entre elefantes dolientes, políticos y petroleras y manostijeras en la sanidad… necesitamos explicaciones, algo a que sujetarnos. En el despacho con calma retomo  notas  en viejos cuadernos. Conecto de nuevo con la necesidad de formar a líderes sólidos, el aspecto humano emerge. El paso del tiempo nos demuestra que liderazgo y racionalizaciones no han acabado en buen puerto. De un plumazo me encuentro con los líderes carismáticos, personas con determinadas cualidades,  con  características extraordinarias por las que se les otorga el poder. Me engancho… a lo carismático… ja!
En situaciones críticas, ante grandes inseguridades se recurre a ellos. Uf! Que miedo.
Son generadoras de influencia en diferentes niveles, su cualidad de “visionarios-as”  se traduce en la capacidad de transmitir ilusión y esperanza a sus colaboradores, a sus entornos. Los americanos llamaron a esto “liderazgo transformacional”.

Parece ser que en los países y culturas europeas seguimos otros modelos y los políticos y líderes carismáticos nos mueven otro tipo de “entrañas” y recuerdos… El poder, tiene una cara humana y un inconsciente colectivo.  Efectivamente, como decía Enrique la pasada tarde, reaccionamos emocionalmente  ante el poder. Lo tememos, a la vez que deseamos. Queremos ser  como decía el visir del comic: califa en lugar del califa.

Gracias por tu sensibilidad y aportación colega!

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