Rosario: fondo y forma.


Encadeno unos días cargados de experiencias en mi poliédrica y polivalente actividad, ya no sé si me gusta o si esta dispersión debe de ser así… en tres días, tres “píldoras profesionales”.  Hablando – tanto como lo hago- de reflexividad una cita fallida con unos clientes es una burbuja de aire para, parar, pensar, escribir, expulsar y compartir.
Gracias, a los que os tomáis la delicadeza de leer, más todavía a los que tenéis el detalle de enviar una palabra de aliento y un  abrazo a las colegas – lo siento, las chicas son más sensibles al tema –  y amigos que difunden.
Hecho este preámbulo… al turrón!

Sábado 24, Madrid… supervisión clínica con R. Neuburger. Llego muy conectado todavía por el mensaje de Santiago Niño-Becerra. Tengo la intuición de que pasar de lo macroeconómico y la teoría sistémica a la terapia familiar sistémica, en un formato de supervisión de casos clínicos tiene que cuadrar en algo. En algún punto. Las familias, somos una parte más de este engranaje y preservar nuestra diferencia, reconocernos y que nos reconozcan,  nos cuesta  sangre, sudor y lágrimas. La modernidad es un lastre,  y es difícil ser padre o madre y vivir en ella. Con los relatos de nuestros casos, en las sesiones de supervisión, buscamos soluciones, pistas, ideas… Llegar a una cierta profundidad se logra cuando nos desprendemos de la obligación de las formas y conectamos con el fondo. En clave de clínico todo un aprendizaje. Esto hoy, se concreta en una habilidad,  diferenciar los síntomas de lo que nos empeñamos en etiquetar como “enfermedad”. Frecuentemente la obstinación de definir, acotar, etiquetar las conductas y comportamientos como enfermedades, es una manera de “dar forma” y estandarizar el malestar de las personas. Conectar con los síntomas, es reconocerlas, validarlas es otra capacidad bien diferente. Los síntomas tienen sentido y cuando menos nos conectan, desde la curiosidad al “fondo”, a la esencia normalizadora de los que los portan.

Domingo 25. Descanso.

Lunes 26 . Un cambio de planes me lleva a un taller abierto de la Fundación EDE con Katia del Rivero.  En el marco operativo que nos propone, recuerda premisas básicas para el trabajo con las organizaciones (que no existen realmente), diríamos mejor: con las personas. Pone, Katia,  énfasis  en  una idea que me conecta de nuevo a este rosario sistémico. Las herramientas son la forma, pero no son lo importante, lo importante es el fondo… con lo que uno está conectado. Esto me lleva a pensar en un viejo tema del que ya hable en el blog y del que hice un post hace justo un año… ¿casualidades?

Martes 27. IV Foro de prevención de riesgos laborales. ADEGI.  Me sorprendo a mi mismo en un escenario que para mí es  nuevo, mas de 240 personas interesadas por clarificar un marco de trabajo formativo en el que la pregunta es… ¿Qué se considera formación suficiente y adecuada?  Con intervenciones muy interesantes y diversas, traen de nuevo la cuestión: ¿Fondo o forma?
A pesar de una regulación importante y de unos esfuerzos considerables, parece ser que en este caso, de nuevo, las formas pueden ocultar  garantías y que otras prácticas necesarias no están reconocidas por cierta rigidez normativa.

La interdependencia entre estos elementos está presente en nuestra cotidianeidad;  en múltiples situaciones y contextos… Para los profesionales de las relaciones de ayuda, asesoramiento, formación, etc. Un trabajo sobre uno  solo de ellos,  genera pobreza, mediocridad o superficialidad en la oferta que se presta.

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