Primavera, Semprún y mitos.



En esta mañana húmeda y gris en tierras de cielos limpios la radio me despierta con la muerte de Jorge Semprún.
Unas declaraciones suyas  evocan su  recuerdo del campo de concentración de Buchenwald,  los olores y  la fuerza que le dieron  para sobrevivir,  en esta situación límite,   la solidaridad que vivió entre los prisioneros del campo.  Todo un mito, fuerza extraordinaria que favorece la existencia,   la identidad de las personas en referencia a un grupo.
Link artículo en El Pais  sobre autobiografía.
Llevo días hablando de lo mismo, y no es casual,  me gusta compartir  cómo nos conectamos a nuestros mitos. A nuestros grupos de pertenencia, a los grupos que nos  permiten elecciones en libertad. Los mitos son relatos, identidades que facilitan  contar quienes somos en referencia a  los nuestros.  Son además balizas operacionales; nos dan información sobre el comportamiento, a la vez que me informan de cómo lo hacen los  míos.  Por último,  miran al origen, a mis sucesos vitales y significativos. Qué pasó con mi estirpe, con mi familia. Una mirada a este y a  otros grupos de pertenencia.
Como la vida no es casual y se filtra por las realidades que voy  construyendo a cada momento,  en las mañanas lluviosas de esta semana, entre las piedras mojadas de Santo Domingo de la Calzada, Calahorra y ayer noche en Toledo.  En las miradas perdidas y entre las piedras milenarias, viendo correr el agua por adoquines de cientos de años,  en la ruta de los peregrinos, árabes y judíos de otros tiempos y de los de ahora.  Me reencuentro, en parte siguiendo mis propios mitos.

Tampoco es casual que buceando en el sentido que tienen los mitos en los  los profesionales de la relación de ayuda,  con diferentes tipos de operadores sociales, aparezca  otro polo; la norma. El encargo social. La “norma social”, es lo que “debe ser”, la cuestión de “derecho” en una época dada.  Esto que los operadores sociales sabemos y con frecuencia  no queremos oír.
La tensión  entre mito y norma social. Lo que uno descubre sobre  sus mitos en relación a lo profesional y la norma social – el encargo profesional que recibe – puede ser cuando menos interesante. Se me ocurren más calificativos. Pero no es el momento ni el día.
La supervisión es reflejo y reflexividad. Una de los reflejos que me llevo -últimamente- del trabajo de supervisor es  la soledad. Paseado entre calles y adoquines mojados, brillantes por el agua,  uno se puede  reencontar en  esta tensión. La tarea de facilitar ayuda, apoyo emocional, hoy, aquí y ahora. Un reflejo de un camino que  no es camino fácil. Intuyo que no será fácil tampoco para los operadores sociales en los proximos meses.
Espacios para la escucha y la toma de conciencia se hacen cada vez más necesarios.

Sale el sol, y la locutora me regala – o me traiciona – con el aniversario de otra pérdida. Hace cinco años que murió Hilario Camacho. Las pérdidas, nos conectan a la vida y la vida quiere que sigamos luchando. La vida quiere que crezcamos.  Esta es la ley. Sin comentarios y con mucha ternura, que es lo que me inunda el cuerpo en esta primavera intensa,  os dejo este clip. Disfrutadlo.

J

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