La vida no se para.


Una excursión al Parque natural Arribes del Duero me hace  conectar con los ciclos de la vida. Los arribes o las arribes. Arribes sencillamente como dicen los lugareños, es una deformación de “ripa”, orilla. Las orillas o los arribes son escarpados, límites que hacen que la vida se viva intensamente. Los habitantes, personas y fauna diversa lo saben bien. Ya no quedan cabreros pero las historias que cuentan sobre ellos y ellas merecen un lugar en cualquier libro de aventuras. No las destripo aquí. Invito a que cualquier día te acerques y las escuches de la boca de la guía del parque. Qué está bien eso de que en un parque natural, también, hablen de las personas.

Personas y bichos, el ciclo de la vida. Nos olvidamos  de pensar en nuestro vivir cotidiano que somos el producto de una lucha por la supervivencia. Ciclos de superación y de supervivencia.  El reencuentro con la naturaleza  me  reenvía a la crudeza y al encuentro con la selección natural y la mejora de las especies.
En el fondo del paseo, en uno de los Picones, una colonia de cuatrocientos buitres leonados. Animales de casi tres metros de envergadura entre alas.  Al borde del agua un par de pollos. Los más débiles. Han caído del nido,  en una roca esperan comida de sus progenitores.  Bichos nutrientes que no pueden perder energías en los más débiles. Por su parte, los de la orilla,  no tienen espacio para poder extender sus alas y lanzarse a volar, no saben cazar. Esperan… con estoicismo, en el límite entre roca y agua.

Uno de septiembre, yo sigo de vacaciones. A contra corriente. Uno de septiembre, comienza a llover. Como todas las mañanas bajo a leer el correo,  los periódicos. Mi ordenador se inunda de mensajes de amigos y colegas que se han montado en la corriente de los días. Han vuelto. Uno de septiembre,  vivimos en ciclos que no se pueden profanar. Me siento como el pollo de buitre  al borde del agua. Viendo pasar al que vuelve en el barco del placer.
Una sensación de soledad me inunda. Me ha abandonado hasta el sol.  Tengo que aprender a volar más alto, más fuerte…
La vida no se para.

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