“Más adelante hay más”


Decía mi abuela cuando se ponía filosófica: “más adelante hay más”. Mi abuela Francisca, Paca para la familia fue una gran mujer. Qué voy a decir yo de mi abuela. Fue una mujer progresista, de izquierdas y solidaría. A algunas rojas de ahora les gustaría tener el esqueleto ético de mi abuela. No os voy a contar mi vida, me vale con poder contármela a mi mismo con orgullo. Vivir en paz con el origen es esencial para poder vivir.  Cuando mi abuela decía: “más adelante hay más” y yo tenía catorce o quince años me entraba una risa floja… aunque tenía respeto por mis mayores, pensaba que la abuela estaba desvariando.
Es una frase capicúa, parece parte de un Haiku o el fin de un cuento sufí. Pero en realidad es una forma de rumiar la esperanza o el temor a que la vida puede cambiar como las monedas: cara o cruz.

Este fin de semana he estado trabajando con el grupo de Formación que codirijo con Blas Campos – BIDARI– en uno de los módulos que tienen como tema “La Familia de origen, elección profesión y rol de supervisor-a”. En este propio blog, en su día publique  una reflelxión sobre personal el tema.

DEL ORIGEN AL LÍMITE REFLEXIONES

Esta mañana, releyendo el artículo al que me refiero, me he encontrado con un párrafo que me ha conectado con la emoción que todavía siento y que me ha llevado a recordar a mi abuela.

“Tengo la hipótesis de que -ser y -tener sensibilidad ante las necesidades de los demás es un valor que nos llega como una información de generación en generación. Es una cuestión de “Justicia social”. Quizás también una cuestión de género: en mi caso, una manera de acercarme y de comprender las dificultades y el sufrimiento de las mujeres de mi familia. En un mundo profesional plagado de mujeres, es una forma de comprender el dolor. El dolor del que no se habla. Escenarios de dolor en el que solo se actúa.”

Y un poco más adelante:

“Decimos -los que actuamos como supervisores- que los profesionales de ayuda somos los que menos nos dejemos ayudar. Decimos también que en las transacciones de ayuda obtengamos beneficios secundarios. Ambas cuestiones – como fenómenos relacionales- son difíciles de aceptar.

Al menos dos ideas míticas aparecen aquí: una, la de que las personas que ayudan están en una cierta “asepsia” emocional en las relaciones con los demandantes de ayuda, es decir; deben de ser distantes, fríos, etc., cuando es precisamente lo contrario lo que hace más efectivo nuestro rol. Lan capacidad de conocerse y de reelaborar orígenes lo que da un sinfín de herramientas. Otra idea mítica es pensar que la ayuda es unidireccional. Si soy honrado conmigo mismo y si las personas que leen este escrito -trabajadores de ayuda a personas- lo son también, sabrán e identificarán que tras cada intercambio con un demandante de ayuda, uno es distinto y puede aprender algo. Dicho de otra forma, es una oportunidad de mejorar.”

Este domingo – también-  me ha sorprendido  la forma en que El País Semanal trata los procesos de “trans-formación” de algunas personas en profesionales de la asesoría, el coaching y el mundo de los servicios. Me siento confrontado por la forma en que se presentan algunos testimonios. Pero más por la forma en que introduce el tema el autor del reportaje.

“Para muchos profesionales, trabajar significa estrés y rutina, no sentirse dueño de la propia vida. Pero quienes buscan y conectan con su verdadera vocación pueden desarrollar una función útil y creativa que les permita disfrutar y aportar riqueza a la sociedad. Tercera y última entrega de la serie sobre crecimiento personal.” Dice Borja VILASECA.

Me merecen todo el respeto los procesos personales y los testimonios plasmados. Cada persona es dueña de su historia. Cada uno, como decía tenemos derecho a contarnos una historia. A estar orgullosos de ella y a mirar al futuro con ilusión.
Un buen amigo, un buen amigo me confronta frecuentemente con mi profesión de asesor, supervisor, coach. Me dice –familiarmente- que somos vendedores de humo.  Lo que me invita a caer en la trampa de defenderme… entre risas y provocaciones. No está mal, me lleva a reafirmarme que no todo vale en términos de actividad profesional con las personas.
VILASECA al inicio del reportaje hace algunas preguntas  a propósito de la actividad profesional ¿Qué me aporta mi actual trabajo? Y  luego ¿Qué haría si no tuviera miedo?

¿Con la que está cayendo? Con el problema de actividad industrial …. con las carencias en otros sectores productivos! Entro en pánico al pensar que nos convertiremos en un país de camareros o al imaginarme cientos de  emprendedores de casas rurales o jóvenes “felices” que se han transformado en coach gracias a un programa ligero de formación de un fin de semana. Con perdón. Con respeto.

Me acuerdo de mi abuela, mucho. Mucho: en memoria.

“Mas adelante hay más”.

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