Del Síndrome Postvacacional a los valores en el trabajo.


Esta mañana un amigo me ha manifestado, con cierta discreción, lo pesado que se le hacía volver al tajo. También he recibido algún correo amable, lleno de vitalidad, en el que me hablaban debdesconexión física y mental de las vacaciones. Yo mismo, el otro día,  hacía propósitos con mi mujer para tener vacaciones con más frecuencia, quizás con menos intensidad, pero aprovechando más los días.

En esto,  todo el mundo nombra el “síndrome”…  a mí hay algo que me hace reaccionar, y pienso; cuando el rio suena, agua lleva. Pero mi amigo Paco, me recuerda siempre con sorna a los vendedores de humo.  Normalmente razón tiene. Me viene a la mente un gran vídeo de vaya semanita.

Buscándo el vídeo me acuerdo del libro de Iñaki PIÑUEL ” La dimisión innterior”. Recupero una entrevista con el autor; me convence.  Conozco a Iñaki, su capacidad comunicativa y su trabajo son serios. Veo que lleva el agua a su molino. Un Buen molino. Iñaki no vende humo.   Iñaki  nos lleva a los ambientes tóxicos, efectivamente, si uno trabaja en un ambiente tóxico y toma vacaciones, cuando tiene que volver, tiene el síndrome postvacional y algún otro cuadro clínico, seguro.

No obstante a mi me sigue preocupando, como le decía esta mañana a un colega, y me fijo en ambientes profesionales mínimamente saludables,  las dificultades que tenemos para expresar ciertas emociones.  Por ejemplo para decir que nos cuesta volver a trabajar… para sentir pereza o un poco de vagancia.

Pienso que esto conecta,  con el sentimiento de culpa. Nuestros padres al educarnos en valores, han utilizado la culpa como un mecanismo de trasmisión de normas, de indicaciones.  Esto se constituye en una forma de estructurar o modelar nuestras respuestas. Por ejemplo, en cómo responder ante las responsabilidades,  en ser un “buen” trabajador…
Y aparece un conflicto de valores.  En esta época que nos ha tocado vivir, el trabajo es un bien que no podemos perder, algo central en nuestras vidas.
¿Porqué uno no puede sentir pereza? ¿Quizás un poco de pesadez al volver a engrasar la maquinaria?
Minimamente escuchar uno mismo estas emociones, conectar con los valores nos  permitirá conocernos mejor. Más que autoexigirnos o pensar que estamos bajo un “síndrome” de moda…

Si además consideramos las hipótesis de I. Piñuel, pariendo de que el ambiente no es el mejor del mundo, no conviene “cargar demasiado la mochila”. Y sobre todo ser discreto, y saber a quien o con quien puede uno contar o no para comunicar sobre estos temas.

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