Ética y consultoría. Algunas ideas de orientación práctica 3


Al escribir este post me viene a la mente una frase muy familiar: 
” ¡Haz lo que yo te digo y no lo que yo haga! ” 

Cuando me la decía mi padre en mi  adolescencia me quedaba perplejo y respondía airado… como un expresidente … ¿quien me tiene que decir a mi… etc.?

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Recuerdos familiares al margen, uno de los problemas de las consignas éticas es que se proclama y que se hace después. En consultoría y en los servicios en general, las empresas presentan una riestras de principios y declaraciones que se vuelven en contra como un Boomerang… Veremos algunos ejemplos en el Blog en el futuro y me lo contaréis.
En la medida que la DEONTOLOGÍA Se relaciona  esencialmente con los principios y valores que guían la puesta en práctica de la acción: secreto profesional, obligación de medios, respeto absoluto de la voluntad de las personas, anticipación y consecuencia de los efectos de las actuaciones profesionales, desinterés, rechazo de la instrumentalización de las personas por las necesidades de una causa, etc.  y  la ÉTICA PROFESIONAL  está formada por un conjunto de valores que orientan la acción. Nos dirigen a una cierta concepción del hombre y de la sociedad. (F. ABAELLEA). Nos conviene presentar propuestas de Asesoramiento y supervisión que respenten estos criterios. 

En la línea de los últimos post, presentamos algunas propuestas orientadas a la práctica

Presentar y desarrolar prácticas eficaces a partir de herramientas y protocolos, por ejemplo:

  • Utilizando contratos comerciales y de procesos. Diferenciado los dos tipos de contratos: unos como un acuerdo de servicios y otro como un marco relacional y de proceso.

  • Respetando la confidencialidad en cada caso y en cada contrato.

  • Respetando al cliente, a su persona, sus valores, ideología, etc. 

  • Respetando a las organizaciones contratantes, especialmente con lo referente a sus compromisos, medios y posibilidades.

  • Respeto a la finalidad y objetivos de los procesos que se contratan.

  • Respeto a la finalidad y objetivos que plantea la organización contratante.

  • Respeto a la calidad de la prestación, a los lugares donde se realiza, los procesos de evaluación de la misma, el trabajo en equipo (metasupervisión,, etc.).

  • Otros protocolos específicos que se acuerden en el marco de las dos primeras reglas entre el cliente y la entidad prestadora de los servicios de consultoria.

Todo esto, además, definido como herramienta y como protocolo debe de ser algo más que una declaración de intenciones.

Algo más que un deseo. Superando cualitativamente el  “haz lo que yo te digo y no lo que yo haga ….  Quizás fortalecer la evidencia y la notoriedad. Que nuestra práctica, presente de forma explícita nuestro marco ético. Como algo evidente y notorio que nuestro cliente pueda identificar.
Que no nos sintamos obligados a hacer declaraciones y a ponernos etiquetas porque nuestros actos no son lo suficiente mente explicitos.

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