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Asuntos de familia. Vía para el autoconocimiento.


Ando estos días intentando completar un seminario en el que pongo siempre mucha ilusión.Y que algunos y algunas de vosotras  habéis apreciado a partir de la experiencia y la vivencia.  “Origen, emociones y vida profesional”, es el título que le he dado este año. Más allá de recordar que todavía tenemos plazas libres quiero poner énfasis en la importancia de mirar y reconocer el origen como un factor potenciador de la vida profesional.

Este domingo al atardecer asistí a ver “El discurso del rey”, toda una lección y homenaje a los profesionales de la relación de ayuda. A los profesionales que tratamos de sacar el máximo potencial de nuestros clientes.

Mirando para la familia he encontrado este pequeño corte en youtube.

El príncipe vive angustiado con la mirada del rey. Consejos y visión de estado. Poder y  gloria que se quieren perpetuar. Miedo y angustia bloquean la responsabilidad esperada.

Ya sabéis como me dijo una vez una gran persona y formadora: “la familia nos da y nos quita todo”

Tienes curiosidad por conocer un poco más sobre tu origen, tus emociones y como se relacionan con tus elecciones profesionales. No lo dudes, toda una oportunidad

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Trabajo personal para el trabajo “con las personas” (2)


Hace un par de años, durante el verano, disfruté con “Una historia de amor y oscuridad”- Amos OZ- . Más allá de los elementos biográficos del autor y de las transferencias . Más allá de las emociones, uno se encuentra con un regalo  cuando el autor desvela – terminando el relato-  una de sus fuentes de inspiración. Otra pequeña novela de la literatura americana de principios del siglo XX. “Winesburg, Ohio” Escrita por Sherwood Anderson- calificado como el escritor de la simplicidad y la sinceridad- es un mosaico de personajes y pequeñas historias que me llevó en su día – y todavía ahora- a conectar con la relación profesional de ayuda.

¿Dónde quiero llegar?  ¿Con qué me conectan estas pequeñas historias?
Vamos a ello, pero antes permitidme una pequeña cita de este gran libro:

“Fíjese bien y se dará cuenta de que, aunque yo digo que soy doctor, tengo poquísimos enfermos -empezó a decir-. Y con razón. No es pura casualidad, ni se debe tampoco a que yo no sepa tanto de medicina como cualquier otro por aquí. Es porque no quiero tener enfermos. Como usted ve, es una razón que no salta a primera vista. Radica realmente en mi carácter, que oculta, si usted repara en ello, muchos caprichos sorprendentes. Yo mismo no sé porque tengo ganas de hablar con usted de este asunto. Podría callarme, con lo que ganaría en consideración a sus ojos. La verdad es que estoy empeñado en que usted me admire. Y no se a santo de qué. Eso me hace hablar. Es divertido ¿no? “
ANDERSON S. “Winesburg, Ohio”. – En “El Filosofo” Pag. 102.

Siempre que releo este pequeño cuento, me invade una sensación de soledad. Y es que el personaje que presenta S. ANDERSON, llega a ser médico después de haber pasado por otras profesiones… como la de periodista o cura. Al doctor Parcival, protagonista del cuento, le encantaban contar historias sobre su vida, su familia…  No os voy a destripar el cuento.

Volviendo al trabajo personal, una de las preguntas que me acompañan y que me gusta compartir con profesionales que están en una relación de ayuda es la siguiente:
¿Qué relación tiene tu elección de profesión con tu familia de origen? ¿Cómo han influido los sucesos de generaciones anteriores en tu presente como profesional?

En algunas escuelas terapéuticas, el trabajo sobre la familia de origen, es algo clásico. Dentro de lo esperado en la formación  que capacita para ser terapeuta.
En el ámbito de los “profesionales de relación de ayuda” no es tan frecuente.

Nuestra biografía, nuestra historia no es una suma de hechos casuales. En la relación profesional nos encontramos con situaciones que nos llevan a hacernos preguntas, esta actitud básica de introspección, el mero hecho de tener preguntas. De poder formularnos una pregunta sobre lo que estamos haciendo, nos aporta grandes beneficios sobre nosotros mismos como agentes de ayuda. Para un profesional son un valor.  Pienso que más interesantes que la ansiedad por encontrar la respuesta.

El trabajo sobre la familia de origen es una de las primeras pautas del trabajo personal. Cada uno debe de decidir el momento en que necesita responderse a estas preguntas o buscar en su historia información que sabe que necesita.

Es curioso, porque es una información que sabemos que existe. Y sabemos dónde está. Es como tener una biblioteca con gran parte de la información, basta con tener ganas y disposición; a veces fuerza o empuje para saber cómo y dónde comenzar a mirar.

Cuando facilito este trabajo, parto de algunas premisas que para mí también fueron beneficiosas.

Primera, trabajar en grupo de formación, es decir aprender en compañía. Dar valor a vivencias en grupo. Estamos perdiendo los grupos que favorecen experiencias significativas. Facilitar desde nuestra historia personal procesos de aprendizaje.

Segunda, tomar conciencia desde la necesidad que tenemos – en tanto que profesionales de relación de ayuda: psicoterapeutas, todo tipo de asesores, profesionales del espacio socio-sanitario, trabajadores sociales, educadores sociales, médicos, enfermeros-as, etc.- de tomar conciencia de libertad. Enfatizo: necesidad de ejercer nuestra profesión desde una posición de libertad. Un profesional de ayuda  goza de su profesión cuando siente que tiene la libertad de poder elegir.

Los profesionales de ayuda,  cuando perdemos esta posición nos convertimos en IDEÓLOGOS. Robert Neuburger, me transmitió esta reflexión cuando trabajé con mi familia de origen.
En aquel seminario tomé contacto con muchos valores que eran importantes para mí. Un IDEÓLOGO, tiene su idea. No puede elegir tener otra. Su idea es todo. Un profesional de ayuda se libera de este peso desde la posibilidad de elegir. Elegir nos hace sentirnos libres.

Tercera. Intentamos comprender. Desde la libertad ¿Porqué elegimos la profesión que elegimos? No es una elección al azar. Y nos encontramos con que lo que hacemos por elección –como opción- es lo que nos obstaculiza en el ejercicio profesional. Es entonces cuando toma fuerza la necesidad del trabajo personal.

Cuarta. Cualquier persona sana siente satisfacción por  dar y recibir ayuda. En el caso de la profesionalización de la relación de ayuda, podemos formular la hipótesis de que “ser un profesional” tiene una función importante para los más próximos, los más cercanos. Esto esta latente en la identidad de muchos profesionales.

Para comprender los aspectos y temas que plantean dificultades, nos vemos obligados a retornar muy atrás en nuestra historia familiar. A comprender y mirar nuestras generaciones anteriores, a hacer una visita al pasado. Mirar el pasado para,  en compañía, ver y comprender como vemos el mundo hoy. Aquí y ahora.

Trabajo que hacemos, en grupo,  acompañados por colegas. Facilitado por profesionales que manejan técnicas en un contexto de formación y aprendizaje.
El objetivo es, comprendiendo y conociéndonos mejor:  optimizar nuestras competencias profesionales.

(Continuará)

“Más adelante hay más”


Decía mi abuela cuando se ponía filosófica: “más adelante hay más”. Mi abuela Francisca, Paca para la familia fue una gran mujer. Qué voy a decir yo de mi abuela. Fue una mujer progresista, de izquierdas y solidaría. A algunas rojas de ahora les gustaría tener el esqueleto ético de mi abuela. No os voy a contar mi vida, me vale con poder contármela a mi mismo con orgullo. Vivir en paz con el origen es esencial para poder vivir.  Cuando mi abuela decía: “más adelante hay más” y yo tenía catorce o quince años me entraba una risa floja… aunque tenía respeto por mis mayores, pensaba que la abuela estaba desvariando.
Es una frase capicúa, parece parte de un Haiku o el fin de un cuento sufí. Pero en realidad es una forma de rumiar la esperanza o el temor a que la vida puede cambiar como las monedas: cara o cruz.

Este fin de semana he estado trabajando con el grupo de Formación que codirijo con Blas Campos – BIDARI- en uno de los módulos que tienen como tema “La Familia de origen, elección profesión y rol de supervisor-a”. En este propio blog, en su día publique  una reflelxión sobre personal el tema.

DEL ORIGEN AL LÍMITE REFLEXIONES

Esta mañana, releyendo el artículo al que me refiero, me he encontrado con un párrafo que me ha conectado con la emoción que todavía siento y que me ha llevado a recordar a mi abuela.

“Tengo la hipótesis de que -ser y -tener sensibilidad ante las necesidades de los demás es un valor que nos llega como una información de generación en generación. Es una cuestión de “Justicia social”. Quizás también una cuestión de género: en mi caso, una manera de acercarme y de comprender las dificultades y el sufrimiento de las mujeres de mi familia. En un mundo profesional plagado de mujeres, es una forma de comprender el dolor. El dolor del que no se habla. Escenarios de dolor en el que solo se actúa.”

Y un poco más adelante:

“Decimos -los que actuamos como supervisores- que los profesionales de ayuda somos los que menos nos dejemos ayudar. Decimos también que en las transacciones de ayuda obtengamos beneficios secundarios. Ambas cuestiones – como fenómenos relacionales- son difíciles de aceptar.

Al menos dos ideas míticas aparecen aquí: una, la de que las personas que ayudan están en una cierta “asepsia” emocional en las relaciones con los demandantes de ayuda, es decir; deben de ser distantes, fríos, etc., cuando es precisamente lo contrario lo que hace más efectivo nuestro rol. La capacidad de conocerse y de reelaborar orígenes lo que da un sinfín de herramientas. Otra idea mítica es pensar que la ayuda es unidireccional. Si soy honrado conmigo mismo y si las personas que leen este escrito -trabajadores de ayuda a personas- lo son también, sabrán e identificarán que tras cada intercambio con un demandante de ayuda, uno es distinto y puede aprender algo. Dicho de otra forma, es una oportunidad de mejorar.”

Este domingo – también-  me ha sorprendido  la forma en que El País Semanal trata los procesos de “trans-formación” de algunas personas en profesionales de la asesoría, el coaching y el mundo de los servicios. Me siento confrontado por la forma en que se presentan algunos testimonios. Pero más por la forma en que introduce el tema el autor del reportaje.

“Para muchos profesionales, trabajar significa estrés y rutina, no sentirse dueño de la propia vida. Pero quienes buscan y conectan con su verdadera vocación pueden desarrollar una función útil y creativa que les permita disfrutar y aportar riqueza a la sociedad. Tercera y última entrega de la serie sobre crecimiento personal.” Dice Borja VILASECA.

Me merecen todo el respeto los procesos personales y los testimonios plasmados. Cada persona es dueña de su historia. Cada uno, como decía tenemos derecho a contarnos una historia. A estar orgullosos de ella y a mirar al futuro con ilusión.
Un buen amigo, un buen amigo me confronta frecuentemente con mi profesión de asesor, supervisor, coach. Me dice –familiarmente- que somos vendedores de humo.  Lo que me invita a caer en la trampa de defenderme… entre risas y provocaciones. No está mal, me lleva a reafirmarme que no todo vale en términos de actividad profesional con las personas.
VILASECA al inicio del reportaje hace algunas preguntas  a propósito de la actividad profesional ¿Qué me aporta mi actual trabajo? Y  luego ¿Qué haría si no tuviera miedo?

¿Con la que está cayendo? Con el problema de actividad industrial …. con las carencias en otros sectores productivos! Entro en pánico al pensar que nos convertiremos en un país de camareros o al imaginarme cientos de  emprendedores de casas rurales o jóvenes “felices” que se han transformado en coach gracias a un programa ligero de formación de un fin de semana. Con perdón. Con respeto.

Me acuerdo de mi abuela, mucho. Mucho: en memoria.

“Mas adelante hay más”.

“El día de ayer fue único, ya pasó”


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He dejado pasar unos días, una semana. Una intensa semana. Hoy he tomado mis notas, con tranquilidad he puesto en orden algunas cosas. Pagina web, Faceboock, etc.  Me zambullo en las notas del curso hecho con Carola CASTILLO. Una vista rápida me hace evocar situaciones de forma súbita. Retomo la tranquilidad y conecto con un tema que ha sido motivo de trabajo y de reflexión personal y profesional durante mucho tiempo.
El origen y la elección de profesión. Una reflexión que me impacta y una frase de C. Castillo al comenzar una de las sesiones de trabajo: “El día de ayer fue único, ya pasó”. Me conecta con mi frase talismán: Ayer se fue, mañana todavía no ha llegado.
Pertenencia.
Para cualquier ser humano una de las cuestiones más importantes, uno de los temas centrales es el sentido de pertenencia.  Perteneciendo a un grupo  lo obtenemos.  El sentido de pertenencia es importante porque nos da identidad, nos trasmite lo que somos.

La pertenencia más importante la proporciona la familia. Nos dice Carola Castillo que la profesión, la identidad profesional viene también del empuje y la energía familiar.
En nuestra vida la energía nos la  da y nos la quita la propia familia. Es por esto por lo que en cualquier contexto profesional. Nuestra historia, nuestro pasado,  es una fuente de aprendizaje. Mirar atrás y honrar a la familia por permitirnos ser y hacer lo que hacemos, siguiendo un patrón o diferenciándonos.

En esta reflexión me permito gozar y disfrutar con nuevas propuestas desde nuevas miradas. Enriquece el trabajo que venimos haciendo con los profesionales de ayuda, facilitadores de procesos en diferentes contextos donde el origen, la familia de origen, es un trabajo clave.

En unos días, comenzamos un proceso de formación y capacitación en supervisión y coaching donde uno de los ejes del trabajo es la adquisición de las competencias personales. En este eje, uno de las tareas a desarrollar es el proceso de introspección y conocimiento del origen,  a traves de la familia de origen.
Un trabajo que a los futuros supervisores y coach les conectará con sus opciones y diferencias desde su historia personal.

Todo un trabajo de introspección y reflexividad que quiere volverse funcional, operativo e innovador en la medida que persigue mejoras. Desde la historia del grupo familiar y en las relaciones que tiene el propio grupo, en sus influencias. En su  sistema y en su ambiente, en definitiva.

Objetivo que   se resume muy bien en esta expresión de reconocimiento y de crecimiento entre generaciones:

¡Bendíceme si lo hago diferente!

DEL ORIGEN AL LÍMITE (4 Y ÚLTIMO)


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A modo de conclusión:  algunas ideas míticas sobre la profesión de ayuda. 

El trabajo en la relación, no es algo que surge de forma espontánea. Como ya he señalado necesita de reconocimiento. Esta idea del reconocimiento como valor no es algo que se suela expresar con facilidad; en positivo.
En mi caso es un valor que he descubierto mas como un agravio, es decir cuando he notado que no lo tenía. Para mi tiene que ver con la escasa dimensión política con la que afrontamos nuestras tareas. Cuando ejercemos una profesión de ayuda en un contexto social, más allá de  proyectar nuestros valores (cuestión importante), en primer plano hay una cuestión de articulación de derechos humanos a través de nuestra propia persona. Si esto no nos lo reconocen, si no nos lo reconocemos, más que una cuestión social y política aparece una sensación de instrumentalización de las personas. Es más, en ocasiones los propios profesionales, creamos contextos en los que favorecemos este tipo de relaciones.
Tengo la hipótesis de que -ser y -tener  sensibilidad ante  las necesidades de los demás es un valor que nos llega  como una información de  generación en generación. Es una cuestión de “Justicia social”.  Quizás  también una cuestión de género: en mi caso,  una manera de acercarme y de comprender las dificultades y el sufrimiento de las mujeres de mi familia. En un mundo profesional plagado de mujeres, es una forma de comprender el dolor. El dolor del  que no se habla. Escenarios de dolor en el  que solo se actúa.
Una necesidad de reparación social  que he recibido implicitamente en las vivencias  como víctimas, como otros tantos,  que transmiten los traumatismos de la guerra civil.
Es difícil hablar de esto. De hecho en mi familia no se habla en términos racionales, se expresa en forma de actos y en forma de compensación de las necesidades que se han vivido en  generaciones anteriores.
Esto me hace  tener  una visión determinada del mundo. En otras palabras que sea sensible, especialmente sensible, a las palabras y a los hechos de los otros. Una familia, plagada de sucesos,  favorece la sensibilidad hacía la ayuda; una excesiva sensibilidad y facilidad para acsercarse a las situaciones de ayuda. El mito de la ayuda es muy rico; lo que favorece la actuacion profesional y a la vez crea muchos problemas. ¿Donde está el límite?
A veces este torrente de ayuda, de  “sensibilidad extrema hacia la ayuda”  está reñida con la empatía, puede anular al otro puesta en primer término. Una excesiva sensibilidad puede tener mayor relación con las propias necesidades de atención sobre uno mismo que con la escucha de las demandas explicitas o implícitas. A la vez, ser consciente me ayuda a poner freno y límite en la relación profesional de ayuda.

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Esta situación se vuelve cotidiana, habitual, cuando un operador social se deja llevar por su mundo emocional, poniendo más fuerza en la escucha interior – a veces incosnsciente-  que por la comunicación. 
Decimos -los que actuamos como supervisores  que los profesionales de ayuda somos los que menos nos dejemos ayudar. Decimos también  que en las transacciones de ayuda obtengamos beneficios secundarios. Ambas cuestiones – como fenómenos relacionales- son dificiles de aceptar.

Al menos dos ideas míticas aparecen aquí:  una, la de que las personas que ayudan están en una cierta “asepsia” emocional en las relaciones con los demandantes de ayuda, es decir; deben de ser distantes, fríos, etc., cuando es precisamente lo contrario lo que hace más efectivo nuestro rol.
La capacidad de conocerse y de reelaborar orígenes lo que da un sinfin de herramientas. Otra idea mítica es pensar que la ayuda es unidireccional.
Si soy honrado y si las personas que leen este escrito -trabajadores de ayuda a  personas- lo son también, sabrán e identificarán que tras cada intercambio con un demandante de ayuda, uno es distinto y puede aprender algo. Dicho de otra forma,  es  una oportunidad de mejorar.

Estas son algunas de las cosas que puedo relatar y que creo que puedo ver. Luego están las que no puedo ver, sobre las que tengo una cierta “ceguera”. Como no las puedo ver… no las puedo relatar salvo que el trabajo en equipo o la supervisión me ayude a identificar estos puntos o actitudes. Al final, los otros, son los que pueden ver por mi; en definitiva los que me ven.

Alguna de estas cosas tienen que ver con mi familia de origen, en  este caso concreto,  las que he relatado tienen  que ver con reflexiones con la “perdida del origen” y la elección de una frontera. Como un límite y como una posibilidad.

Lo más interesante, es que estos valores y conflictos: la ayuda, el mejorar lejos de donde uno viene, la confusión sobre el origen personal y  el de la familia. Lejos de ser un lastre, son posibilidades para desarrollar mi trabajo como operador social: como educador social, terapeuta familiar o supervisor. En los diferentes contextos me resultan útilies.
Se conforman como valores y diferencias para dar continuidad a una saga, diferencias sobre una diferencia, que ya existía anteriormente.

Para terminar me gustaría hacer una declaración en positivo, desde la experiencia, sobre la que me puedo apoyar con convicción y rotundidad. He defendido y defenderá el conocimiento de  personas de otras culturas, que es necesario que nuestros jóvenes salgan de nuestro entorno como un proceso formativo y socioeducativo más. Que no somos iguales y que en la diferencia -dentro del respeto a los valores y derechos universales- existen posibilidades infinitas de socialización. Que en el descubrimiento de cada frontera como una posibilidad, como una aventura… mejoramos… estoy seguro… que  el viaje ha merecido la pena, que siempre hay un viaje de retorno y además,  ya lo dijo mi tío:   “¡José estuvo aquí!”.- Revisado y corregido en 2009 para la publicación en cuatro post -

ESCRITO  y PUBLICADO EN DICIEMBRE DE 2004

DEL ORIGEN AL LÍMITE (3)


Del origen al límite (frontera) como posibilidad.
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Hace poco he descubierto en mi origen, es decir, en mi historia familiar, al menos en la que he podido ir descubriendo y completando con relatos de distintas personas,  que FRONTERA, es sinónimo de descubrimiento, de límite en un contexto de mejora. También de aventura y de nuevas posibilidades.

Un primo de mi abuela materna escapaba del hogar familiar para correr aventuras y así descubrir nuevos mundos. Tomaba el tren que pasaba cerca del pueblo, aprovechaba cualquier vagón para colarse.. Su viaje, a veces, era muy corto  duraba lo que tardaba la pareja de la guardia civil en cazarlo. Tenía a penas 10 años. Cuando llegaba al límite de su aventura, escribía: “¡José estuvo aquí!”
José lo intentó con perseverancia, si algo le caracterizaba; era la tenacidad  y su constancia. Dicho en positivo. En coloquial, era muy “cabezón”… lo que se le metía entre sus dos grandes cejas… normalmente… no paraba hasta conseguirlo. ¡Dicen que es una marca familiar!
Finalmente consiguió su objetivo y desapareció cuando era mozo; paso la frontera.
Cuando estalló la guerra civil, mi abuelo materno -del cual he heredado mi segundo nombre y alguna cosa mas…- fue enviado a un campo de concentración. Toda la familia huyó desde Madrid hacia Catalunya. Mi abuela embarazada de mi madre, mi tía,  mis tías abuelas… se vieron en un éxodo republicano. Yo no estaba allí pero las he visto, sin que estuvieran tampoco,  en las fotos de Capa. Mi madre nació en Falset (Tarragona). Entonces, José pasó  la frontera y de nuevo ¡estuvo allí! Nadie sabía nada de él… Él estaba al corriente de lo que les ocurría a todos. 

Este es el primer relato familiar, sobre la frontera, que mi familia puede narrar. Es un relato en el que las mujeres huyen para proteger a los niños.  Algunos hombres también huyen, aunque algunos ya han sido atrapados. Es un relato que presenta diferencias de género y que ha estado en cierta forma escondido  sobre todo a  niños-as. Para protegernos y por miedo también. Un abuelo en un campo de concentración es un suceso familiar del que no se habla con facilidad, cuando por otra parte es algo de lo más habitual para casi la mitad de la población de una determinada generación.

José siguió su aventura a un lado y a otro de la frontera, pasando de un lado a otro, a veces sólo, a veces ” acompañado”. Me han contado que no pudo quedarse  y que tras la guerra civil, tomo partido en la segunda guerra mundial y que también acabó en otro campo de concentración en Francia.  Luego fijo allí su residencia en y venía sólo de visita. 
En una de estas excursiones  a España, volvió a Salamanca, a la comarca de Béjar de donde somos originarios. Vino a encontrarse con la familia, le volvimos  a ver (eso me han contado) y le propuso a mi padre ir a trabajar a Bayona. En Bayona, con su oficio (ebanista), podría mejorar su vida. Vivir de otra manera.
Mi padre cuando escucho esta palabra de aquel hombre alto, de pelo cano y pegado al cráneo, con abrigo de lana y con aspecto de espía ( de hecho lo fue tras su actividad en la resistencia francesa) que conducía un Opel azul cielo (era el único que yo vi durante años ) que en lugar de agujas para marcar la velocidad tenía un barra de mercurio de color anaranjado con unos números verdes con una palanca de cambios en el volante… eso no podía ser de otra manera…¡mejorar!… ¡José, el tío José había estado allí! 

Mejorar. 

Frontera, pasar la frontera; abandonar el origen. 

Desde el origen hasta el límite, hasta la frontera. Frontera concepto banal  del que hablan en los diccionarios como: Confín de un estado. Límite o barrera.  
La propuesta de José era muy golosa y atractiva: superar los limites para mejorar. Así lo hizo mi padre, primero sólo. En Bayona . Luego con mi madre y conmigo en Irun, pasando la frontera  para trabajar, todos los días.
A propósito de esto, hace poco, una tarde tomando café con mi padre, me decía mientras veíamos las imágenes de las pateras llegando al sur de la península que no entendía que querían esos africanos. Yo le dije: una vida mejor. Él no lo entendía.  Tuve que ser “familiarmente cruel” y decirle “mejorar como tu”.  Son cosas que solo se hacen en familia… y que solo las aceptamos a la familia…
Es cuando hablando reconstruimos la historia de la migración familiar y cuando me cuenta  que tanto él como otros que migraron hacia otros entornos mas favorables,  multiplicaron por seis o por ocho sus ingresos. Esto era algo habitual no sólo para los que migraban desde Castilla o Extremadura, sino para todos los trabajadores que día a día pasaban la frontera para mejorar su condición.
Le explico a mi padre que esto es justo lo que hoy piensan tantos y tantos extranjeros: sudamericanos, centroeuropeos, africanos…  que vienen a mejorar sus expectativas de vida, a mejorar su origen.
A mejorar “la historia que pueden contar de si mismos”. Parece que entonces, lo entiende mejor. El me sigue contando la nuestra.
Me doy cuenta entonces, siento en primera persona,  de que existe una “historia oficial” sobre la migración, sobre los extranjeros que está borrando las trazas de nuestra historia familiar. Poco a poco descubro que mi padre hila un discurso propio y genuino, una historia llena de matices y relatos que no había escuchado nunca. ¡Quizás nunca el me la había podido tampoco contar!
Las historias oficiales, las versiones únicas sobre la realidad que se imponen, en la TV, en los medios en general como un troquel modelan nuestra forma de ver la realidad. Algo similar les pudo ocurrir a los Iruneses que trabajaban al otro lado de la frontera, pequeños migrantes cotidianos se vieron expuestos a la historia oficial del emigrante de los 50 y los 60 que les impedía ver que estaban en el mismo contexto socioeconómico.
Un contexto socioeconómico empobrecido que se definía como tal por comparación con otros potencialmente mejores… y a los que se podía acceder. Cuando alguien puede acceder a mejoras… accede a una hora de casa, a quinientos kilómetros o a setenta. Cada uno valora después las consecuencias en función de diferentes filtros, en función de una visión política de las migraciones. La frontera ¿como límite o como posibilidad? … ¡Una vez mas!

Michael White [1],  al referirse a este fenómeno habla de discursos internalizadores y lo define como un proceso cultural. 

“En la historia de la cultura mundial, creo que estos discursos internalizadores modernos han proporcionado una manera completamente novedosa de pensar y hablar que es específica a una época y a una cultura, que se ha desarrollado en los últimos tres siglos en la cultura occidental y que es central en la construcción del sujeto moderno”…”estos discursos internalizadores constituyen nuestra ceguera ante la vida en tanto producida y ante nuestra propia producción de la vida. Tienen el efecto de aislar a las personas entre sí y de los contextos mismos de sus vidas. Estos discursos nos hablan proporcionando una manera de hablar y de pensar la vida que borra el contexto, que separa la experiencia de los aspectos políticos de la relación con el entorno inmediato. El carácter de estos aspectos políticos queda en gran medida oscurecido, como también, dicho sea de paso, las prácticas mismas del yo y de las relaciones que están asociadas con estas maneras de hablar y pensar”[2]

 La idea de mejora en la familia es una traza que puede marcar toda una forma de ver la realidad condicionada por este tipo de experiencias.[3]

 Pero las mejoras tienen un precio. Nosotros abandonamos todo, para que la familia fuera a mejor, para mejorar la estirpe. Esto es difícil de comprender cuando se es joven – adolescente y se convierte en un trago amargo cuando se va llegando a la madurez. Me incluyo en esta afirmación, pues yo también soy parte de la migración, de la familia que realiza un viaje desde el origen. 

Me ha contado muchas veces mi madre que la frontera fue una elección, un límite. ” No nos fuimos a vivir a Bayona porque me daba miedo que no habláramos con nadie, por el idioma… estar solos… también me cuenta como observábamos este límite y cuando yo apenas contaba con dos años como lloraba y reclamaba mi origen, mi casa. Mi madre me llevaba a la frontera a despedir a mi padre y me cuenta que llorábamos juntos viendo como se iba…
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El origen es una fuerte fuente de identidad, hace unos días en un encuentro sobre emigración me contaban que el que migra, durante un tiempo, durante el tiempo en que dura el viaje y algún tiempo mas  se encuentra desorientado porque ha perdido las referencias espacio-temporales, le faltan los amigos, le faltan los hábitos cotidianos, no tiene “balizas” que le ayuden a moverse en el día a día. 

El trabajo era para mi padre el valor supremo y en torno a el organizó su vida. Como tantos otros hombres organizaron un “aventura de mejora familiar” que dio sentido a todas las negaciones que debió de asumir toda la familia.
Por el contrario las mujeres, sin trabajo, en la crianza, solas, estuvieron algún tiempo tristes; cansadas sin trabajar, cansadas de vivir, en un lugar donde el cielo plomizo no dejaba pasar la luz y en donde el origen se debía de aparcar en beneficio de la estirpe…

A veces pienso que muchos que hemos venido de otros sitios, hemos tenido la sensación de estar perdidos… es una sensación que viene y se va. Es como si el viaje durase eternamente. Estamos de viaje a ninguna parte o en tránsito… como decía esto tiene que ver de nuevo con el rol de género y con la ocupación. Al, menos a los hombres, en los tránsitos fronterizos,  a mi padre entre ellos,  durante mucho tiempo los gendarmes y la guardia civil le recordaban donde estaba … Este lamento es quizás la segunda historia, la segunda narración sobre la frontera que he oído de mi padre.  Una queja que repetía cansado tras cada paso en las colas de los controles…
Hoy todo parece tan distinto y  sin embargo ,de nuevo aparecen los discursos oficiales,  en los que se nos olvida el tránsito y la dignidad con que los trabajadores cruzaban las fronteras. ¡Nos parece todo tan distinto en el “espacio económico del eurodistrito del Txingudi…”.
Hoy
oír las expresiones de algunos “yupis del dos mil”, desmemoriados, sin recorrido en el tiempo, vanagloriándose de trabajar en Irun y vivir en Hendaia y afectados emocionalmente porque pierden derechos al vivir en una ciudad y trabajar en otra. Por ser ciudadanos de la bahía… Se definen como los ciudadanos del Txingudi públicamente e  insultan la memoria de los trabajadores que día a día se han dejado la piel al pasar las rayas imaginarias. Ciudadanos con una conciencia colectiva abortada, desde el inicio, pues sus referencias quizás no estaban en la expresión pública y política sino en la discreción y la dignidad del íntimo familiar por el que luchaban día a día .

Del origen, de la mejora de la estirpe, a la frontera: un viaje en el tiempo hasta los límites.
Límites que son un lamento y a la vez una posibilidad.

Una lectura metafórica del trayecto desde el origen hasta los límites como una posibilidad, solo se puede hacer pensando en un proceso liberador. Las estructuras familiares que han sufrido carencias y se han encontrado sometidas y vulneradas en sus necesidades básicas leídas como derechos fundamentales, como derechos humanos. Las familias migrantes del franquismo, en muchos casos están constituidas por los  niños que pasaron hambre y necesidades en la posguerra. Hijos o huérfanos de víctimas de la represión mas cruel, víctimas ellos mismos sin reconocer, hasta nuestros días, tímidamente en actos muy controvertidos.
El límite, su búsqueda y su configuración para su superación es la señal, el acto intimo y colectivo sin reconocer, sin identidad pactada, sin marca identitaria que reivindicar, que representa las posibilidades, que hace que renazcan nuevos mitos. Mejorar, mejorar la estirpe.

[contiuanará ]


[1] Michael White en Reescribir la vida , página 48, capítulo 2:  Aspectos políticos de la terapia.

[2] Michael White en Reescribir la vida , página 48, capítulo 2:  Aspectos políticos de la terapia.

[3] En la mía, es un poco curioso, pero todavía lo que está o viene de lejos, basta con que haya cruzado el Bidasoa, parece que es un poco mejor… los yogures, los pantalones, las bicicletas, etc. Todavía muchos que vivimos en la muga seguimos pensando que hay algo mágico en comprar algunas cosas que vienen de lejos…

DEL ORIGEN AL LÍMITE (PARTE 2ª)


Algunas historias en primera persona.

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Tengo 43 años. …(…)
Desde hace 23 años soy un profesional de ayuda en contextos sociales.
Llevo más de media vida dedicado a ayudar a los demás. Cuando lo escribo y lo leo después de escribirlo es algo que me da cierta sensación de vértigo… algo que cuando menos hace pensar y plantear algunas preguntas.

Todo empezó por una equivocación, por un error. Alguien me ofreció trabajo por confusión. Las casualidades no existen y este fue el momento que permitió que comenzara todo.
En esa época, uno podía definirse como Educador social por su experiencia vital y por sus capacidades, por como se enfrentaba a grandes responsabilidades de trabajo en pequeñas dosis. Hoy las cosas han cambiado en la forma, tenemos titulaciones y aparentemente reconocimiento… pero como suelo repetir una y otra vez… ” mucha responsabilidad sin reconocimiento – del tipo que sea – son una crueldad” . Parece ser que   cuando se  debuta en el trabajo de profesional de ayuda las cosas no han cambiado mucho. Ahora es como antes, quizás peor!  Ahora cuando actuó como supervisor y escucho los relatos y las demandas de los jóvenes profesionales, deseosos de ser útiles en distintos contextos, mi percepción es de una distorsión del sentimiento y percepción de la libertad: de la concepción de libertad favorecida por la elección -que sería lo deseable- estamos pasando a situaciones en las que los profesionales han confundido la libertad con la soledad… con ser autoreferenciales… sin posibilidad de elección, bloqueados; tengo la impresión de que las cosas no han mejorado mucho. Pero esta es otra historia que tiene que ver con las posiciones éticas desde las que nos vamos  construyendo como profesionales de ayuda.
Pero volvamos a la historia personal, lo más interesante es que yo no sabía nada de esto cuando me enamoré de mi profesión cuando tenía 18 años. Cuando tenía 18 años estaba sumido en una dimensión mítica de la ayuda que no sabía que tenía. Uno no sabe en el agua que nada, solo sabe que es placentera y que huele bien… por eso sigue en ella.
Todavía recuerdo la primera tarde cuando tras la entrevista con el director del centro de menores donde trabaje como educador durante seis años. Esa tarde tuve muchas sensaciones. La primera, que me iban a pagar por hacer algo que me gustaba, la segunda que si pagaban, seguramente era porque iba a ser duro… recuerdo una conversación con un amigo que inició el trabajo el mismo día  que yo:

 

¡ Este no es un trabajo para toda la vida!
¡No!
-yo no pienso aguantar mas que unos años, lo justo para terminar mis estudios… y tener una experiencia….

Evidentemente, algo nos cautivo, pasaron los años y esta experiencia nos llevo a otra, luego a otra y así a construirnos como profesionales.
Cuando años después con el recuerdo, pienso en esos momentos… algo toma sentido, hay una forma de ver las cosas distintas, es como si las piezas de un puzzle se pudieran encajar y como si historias que hasta entonces estuvieran desconectadas… por arte de magia tomaran cuerpo y tuvieran sentido…

 

Como profesional de ayuda he sido educador en un centro de menores que tenían problemas con la justicia durante 6 años, he trabajado con posterioridad como en medio abierto coordinando un equipo que trabajaba sobre el terreno en diferentes actuaciones preventivas dirigidas a la infancia y a la adolescencia. Esta aventura duró otros 6 años. Con posterioridad mis tareas se han diversificado gracias a la aventura compartida de crear y gestionar nuestra propia empresa. Como psicólogo y terapeuta de familia mis tareas se han orientado hacia la intervención comunitaria y el trabajo con familias desde una perspectiva sistémica. También desde hace más de 10 años asesoro y superviso a profesionales, organizaciones y equipos de trabajo.

Cuando pienso en este recorrido profesional y observo el transcurso de mis sucesos vitales veo relaciones y cuestiones que son difícilmente ineludibles. Algunas  de las preguntas que uno se puede hacer sobre sus sucesos vitales no son nada originales. Teniendo la particularidad y lo específico de lo íntimo- que no es poco- pueden funcionar como hipótesis explicativas sobre  situaciones críticas que los profesionales de la ayuda social, educativa o sanitaria, vivimos con angustia y no sabemos donde ubicar. 

La familia de origen y los profesionales de ayuda: la identidad como fondo.

parejaUno conoce y sabe de su origen por lo que le han contado, por  lo que ha escuchado o ha querido oír en su familia. Algunas de estas cosas, toman forma de relato o narración. Siendo la parte de una historia familiar más amplia que, a veces,  a fuerza de oírla y de tenerla presente, se puede olvidar.

El origen visto así es una historia, un relato que se transmite de generación en generación en forma de narración.

En el diccionario, cuando se busca el término origen, encontramos conceptos que hacen referencia a:  principio, nacimiento, manantial, raíz y causa de algo; también significa: Patria, país donde alguien ha nacido o tuvo principio la familia o de donde algo proviene. Otras acepciones son: Ascendencia, o serie de ascendientes. Principio, motivo o causa moral de algo.La familia de origen como concepto, ligada a la actividad terapéutica es una relación que ha motivado análisis en las escuelas de orientación sistémica. La idea central es como ayudar a los psicoterapeutas a conectar con su familia de origen, con la hitos, con los sucesos vitales también con sus puntos de ceguera, con las fortalezas que le ha proporcionado su estirpe de forma natural y que frecuentemente no son valorados, pues se diluyen en el vivir cotidiano.
Ayudar a que los terapeutas tomen contacto con su historia familiar e identifiquen que conflictos han estado y están presentes en su vida actual y cuales son un problema y cuales una posibilidad cara a la relación que establecen en su actividad terapéutica cuando son requeridos y consultados por las familias.
Este trabajo tremendamente interesante y necesario no lo es por ser algo específico o inherente al campo clínico. Observamos que en el ámbito de la ayuda social, en el trabajo social, la educación social o la intervención psicológica en contextos no clínicos o en la sanidad en general, es igualmente necesario. Percibimos, desde diferentes realidades y demandas que es una necesidad de atención prioritaria, sobre todo para los nuevos profesionales de ayuda social, educativa y sanitaria.

Quizás sean las confrontaciones con el mundo personal y familiar las que con más intensidad se viven en el ejercicio profesional. Confrontaciones que aparecen  fruto de las relaciones  con tanta intensidad  con los usuarios como en los contextos que hemos definido como clínicos.  Si se me apura, en estos con menos protección personal para los operadores sociales por las características propias de los formatos de la intervención, la diversidad de las técnicas a emplear, la naturaleza y diversidad de los propios contextos en los que se ven abocados a desarrollar sus tareas sociosanitarias, sociales, psicosociales o socioeducativas.
La cuestión de fondo, a mi parecer es la de la identidad profesional que uno obtiene cuando se relaciona en determinados contextos como operador social. Hace tiempo que vengo reflexionando sobre la cuestión y he mantenido en diferentes escritos[1] que los trabajadores de lo social obtienen su identidad a partir de tres grandes esferas de influencia que se relacionan entre si y que configuran un “sistema en interacción que proporciona identidad profesional”. Esto es: uno sabe quien es en el terreno de la intervención social, no solo por decir quien es sino por un proceso de interacción y de combinación de elementos significativos que se configuran a partir de:

 Su propia historia personal.
El encargo social  que recibe
y que se configura en el proyecto en el que realiza las tareas concretas como profesional.
La negociación del rol que mantiene con los usuarios-as destinatarios de los servicios o presanciones profesionales que les facilita. 

He definido este artefacto racional como una herramienta conceptual para “explicarme” algunos de los conflictos o situaciones  complicadas que me persiguen en el aquí y en el ahora.
Y es que, siguiendo a BATESON, uno se siente más libre si es capaz de diferenciarse de los distintos sistemas en los que se identifica y se reconoce, los que le devuelven y le den identidad de operador social. Si además en relación con estos se siente libre de operar a partir de sus necesidades y en relación con los usuarios-as generando contextos de libertad aparece una posición ética tremendamente interesante.

La ética es una cuestión que aparece en el tiempo y que no se puede “comprar”, estamos sometidos a sucesos que nos interpelan y que nos modelan en el devenir de nuestra historia personal.  Ética y relación de ayuda están muy mediatizadas de nuevo por las experiencias  que se suceden en la familia de origen.


 [1]  SÁNCHEZ CANO – MARTÍN GARCÍA, R.J. – P. “La posibilidad de contar lo visto sufrido y hecho” En Claves de Educación social, n’ 2 , Vol 2. Barcelona, Diciembre de 1996.  Pag 1 1 – 1 7.

FAMILIA DE ORIGEN Y RELACIÓN PROFESIONAL DE AYUDA


ninos

Preparando estos días el seminario  sobre FAMILIA DE ORIGEN Y PROFESIONALES DE AYUDA, del que  ya dimos cuenta;  saco del cajón  viejos escritos y reflexiones sobre el tema.
Como sabéis,  soy de los que piensan que el blog no es un lugar para publicar textos que no puedan leerse de un plumazo. Por lo que voy a trozear este artículo que forma parte de un texto clectivo: ” de fornteras”historias de fronteras… publicado por la asociación Hezi-zerb y Abaddiako adixkideak.

Del Origen al límite: 
Familia de origen , frontera como posibilidad y relación  profesional de ayuda (PARTE, 1ª)
Ricardo J. Sánchez Cano.

La escritura como forma de comenzar.

Cuenta Mark Twain en su autobiografía, refiriéndose a su hermano Orion que tras varios intentos de ayuda para solucionar sus problemas económicos -los de Orion- le sugirió a este la posibilidad de escribir las genuinas aventuras e insólitos relatos que componían su  vida. Su biografía  la formaba una historia singular digna de ser contada, toda una novela. Le sugería en estos términos la forma de encarar el relato: 

“…Le pedí que contara la estricta verdad en ella; que reprimiera los deseos de exhibición personal, que se centrara exclusivamente en las actitudes dignas de crédito y que pusiera honradamente todos  los incidentes de su vida que le habían parecido interesantes, incluyendo aquellos que se quemaban en su memoria porque se avergonzaba de ellos. Le dije que eso no se había nunca hecho y que si podía hacerlo, su auto biografía sería una pieza literaria  de lo más valiosa….”[1] 

Su hermano, con una de sus respuestas genuinas le responde con una historia digna de ser contada:
“…Orion escribió su historia y me la envió. Pero mi decepción fue enorme, y me enojo también. En ella se convertía constantemente en un héroe, exactamente como yo habría hecho…Yo conocía varios incidentes de su vida que eran clara  y dolorosamente lo contrario de heroicos, pero cuando llegué a ellos en su autobiografía habían cambiado de color. Era como haberle dado la vuelta a una chaqueta, y resultaban cosas de las que se  sentía orgulloso de forma intemperada”.
[2]
Los hermanos Clemens (Apellido real de Mark Twain), compartían parte de la misma realidad y vivieron algunas situaciones iguales, pero elegían diferentes formas de contarlas, pues tenían diferentes implicaciones en el relato. Uno quería buscar la gloria y el ensalzamiento personal, sin importarle el dinero…,  y otro,  quería obtener a través de este un buen producto: que fuera creíble, publicable vendible en definitiva, para evitar la dependencia económica que su hermano tenía de él.
Este trozo de texto de la autobiografía de Mark Twain me sirve como excusa para comenzar algunas reflexiones sobre algunos retazos de mi propia vida.
Cualquiera de nosotros tiene una historia que puede narrar y que puede “redescubrir” en el ejercicio del relato. Una de las explicaciones de nuestro origen quizás esté en el devenir histórico de nuestra estirpe, de nuestra familia, entendido como una cadena de transmisión que se prolonga a través del tiempo. Estamos aquí por continuar una historia, una trama. Es como un pacto no dicho, no formulado. Una posibilidad que lo hace emerger es la expresión  en forma de relato de la historia de la familia de origen. En este sentido, el origen familiar no es un punto arbitrario, ni predeterminado generacionalmente. Tiene una dimensión más cualitativa y mítica se centraría más en los valores y en las diferencias que en cuestiones estandarizadas.
Esta dimensión mítica puede configurase como el relato de una historia banal,  y a la vez  genuina, original e irrepetible. Situación paradójica pues todos tenemos una historia que nos hace diferentes. Algo que todos tenemos, un rasgo común y compartido se convierte en irrelevante. Uno no repara hasta que no se pone a ello, a darle forma. Uno descubre  que su historia genuina puede dejar de ser  banal y  algo compartido por todos cuando le otorga significados, cuando le imprime en la narración de los actos elementos que son únicos y relevantes. Como hacia Orion Clemens. Además esto puede ser un acto imperceptible, pero cumple una función de reafirmarnos y se segurizarnos en  nuestras identidad a través de nuestras relaciones de pertenencia.
Es por esto que en el trabajo y en la relación de ayuda nos descubrimos y nos cuestionamos en la relación que mantenemos con las personas y en los contextos donde ejercitamos nuestra tarea.
Uno al relacionarse con una persona, o con una familia, o con un grupo; en definitiva con otro sistema observa sin saberlo algunas reglas básicas en las que implícitamente está el saber, el saber hacer  y el saber  diferenciarse de los sistemas a los que ayuda. Estas reglas básicas evolucionan en la relación de ayuda acompañando a las personas.

BATESON [3]definió tres niveles de evolución o de cambio en los sistemas. En el primero, o nivel I el cambio está en el propio sistema. Es decir El sistema es autoreferencial.  Lo importante es el propio sistema.
En el segundo e nivel II el sistema existe en referencia a otros. Es decir un sistema evoluciona, aprende  o puede cambiar por comparación con otros sistemas.
Por ultimo en el nivel III, el sistema no aprende en función de los niveles de referencia, sino en función de las necesidades. El sistema obtiene un funcionamiento óptimo, es libre de operar con el entorno y de interpretar lo que necesita y lo que no.

Un operador social que recibe demandas de ayuda debe de favorecer que las personas funcionen en el mayor grado de libertad posible, al igual que los sistemas que describe BATESON, en el nivel III, interpretando sus necesidades, operando con el entorno con libertad. Sentirse libres es sinónimo de operar con capacidad y criterio de elección.

Para esto, siguiendo a BATESON,  el operador de ayuda, en distintos contextos, debe de haber superado él los distintos niveles. Es decir no se puede ayudar a nadie que se encuentra en un nivel II si uno está en una fase autoreferencial (Nivel I)   , en otras palabras la posición ideal de un operador social: terapeuta, educador, etc. Es la que favorece contextos de libertad, de elección y de interacción con el medio.

La cuestión de la posición que uno mantiene como profesional de ayuda y la de la libertad que genera en los contextos en los que opera tiene que ver con distintas cuestiones. En este escrito me interesa la dimensión que aporta el origen.
[continuará…]
 

 [1]Mark Twain , Autobiografía ESPASA – ORBITAS, Madrid 2004.


 [1]Mark Twain , Autobiografía ESPASA – ORBITAS, Madrid 2004.

[2] Mark Twain, idem.

[3]Bateson G. , “Pasos para una ecología de la mente”Planeta – Carlos Lohile, Buenos Aires 1991.

FAMILIA DE ORIGEN Y PROFESIONAL DE AYUDA


Si vives cerca de Pamplona o San Sebastián y eres profesional de ayuda quizas te interese hacer un estudio en tu familia de origen como propuesta de mejora en tu intervención y en tu bienstar personal.

Te presento esta seminario:

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SEMINARIOS en Pamplona-Iruñea y Donostia-San Sebastián
Familia de origen y profesionales de ayuda
Las nuevas familias, las nuevas formas de familia, son una posibilidad de aprendizaje  para profesionales en distintos contextos de intervención. Igualmente su propia familia.
Un estudio de la propia familia, de su historia,
de los puntos ciegos; de los mitos y valores que tiñen
la visión profesional parece necesario.
El estudio y análisis de la familia de origen del profesional de ayuda, en grupo interdisciplinar, posibilitará diferentes visiones a lo largo del  seminario.


Encuentros grupales de carácter intensivo y reflexivo.
A partir de las aportaciones de los participantes, diferentes  técnicas (esculturas, genogramas…) facilitarán el conocimiento de la propia familia a través del tiempo.
La reflexión sobre la familia de origen permite identificar fortalezas y limitaciones,
así como aquellos contextos favorables de intervención profesional en la relación de ayuda.

FACILITADORES – FORMADORES
Ricardo J. SANCHEZ CANOPsicólogo, Psicoterapeuta de pareja y familia, Educador social,  Supervisor, Consultor y Asesor de organizaciones y equipos de trabajo.
Blas CAMPOS HERNÁNDEZ – Pedagogo, Orientador de pareja y familia, Formador y Supervisor, Consultor y Asesor de organizaciones y equipos de trabajo.

Seminario Pamplona – Iruñea :
Enero 16 y 17  –  Febrero 13 y 14.


Seminario  Donostia – San Sebastián:
Enero 30  y 31 – Febrero 27  y 28

Duración: 24 Horas ( se entregará certificado ) 2 encuentros de 12 horas
Horario Viernes de 17:00 a 21:00    Sábados de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00

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